enero03
Leyes, normas, códigos, derechos y deberes, fueron creados para civilizar de forma ideal a los humanos.
Todas esas escrituras hasta la fecha han sido aprendidas a base de pura razón y miles de errores cometidos durante años. Se fueron puliendo hasta adoptar la forma más ideal de convivencia y civismo, una coexistencia o convivencia perfecta entre las personas (de distinto sexo, etnia, raza, condición, orientación…).
Si las leyes fueron redactadas de forma ideal, el orden y la disciplina deberían de ser máximos en nuestra sociedad, entonces ¿qué pasa?. ¿Están mal inspiradas las leyes? ¿Hacen correctamente su función?. Imaginemos entonces que todos cumpliéramos las leyes a rajatabla, tanto los Derechos Humanos, como las leyes del Código Civil o el Código de Circulación, así como asumir nuestros derechos y deberes redactados en la Constitución Española (que es el caso que me toca). No debería haber asesinatos, nadie sería menospreciado (por su orientación sexual, color de piel o deficiencias físicas y psicológicas), todo lo nuestro sería nuestro y de nadie que lo robara, deberíamos pagar por beber agua de un grifo, deberíamos pagar para poder comer o vestirnos, deberíamos sentir un fuerte patriotismo, deberíamos tener un empleo y una vivienda digna, así como una integridad física intocable, deberíamos tener derecho a acceder la información de forma gratuita y que sea veraz, deberíamos poder practicar una religión (o ninguna) libremente en cualquier parte del mundo.
Desgraciadamente quien hace la ley hace la trampa y los derechos más simples para vivir no están implícitos en ninguna parte (excepto respirar): comer y beber. Unas leyes que idealmente son correctas pero que hacen al rico más rico y al pobre más pobre. Al dinero y a la propiedad más dinero y más propiedad y a la pobreza y la miseria más pobreza y más miseria.
Robar por dinero o por posesiones, para comer o para tener, para ser menos pobre e ir ascendiendo en una escala de poder absurda es lo que ha conseguido la trampa de unas leyes ideales. Si hay asesinatos y guerras la mayor parte son por dinero, por sentirse patriotas, por querer tener más de lo que se tiene.
Ahora unos dirán que es cierto lo que expongo y otros simplemente ya estarán pensando en mi torpeza: “si no las hubiese pasaría lo mismo”. El problema no son las leyes en sí, si no en lo egoístas que son algunos humanos, no le puedo dar más sentido a esto. Pero si con las leyes en parte favorecemos el egoísmo que nos hace más miserables, ¿para qué las queremos? ¿Necesitamos nuevas leyes que no favorezcan el tener o no tener?
Intente civilizar a los monos salvajes más listos del planeta con leyes.