Naciendo
Muchas parejas plantean algún día la posibilidad de tener descendencia, un hijo o hija que alegre sus vidas cada día, aunque luego, en ocasiones, nos hagan sufrir por una u otra cosa. Cuando llega este momento valoramos qué podemos ofrecerles aun saltando a la aventura sin tener nada.
Es cierto que una cara guapa, un buen físico y quizás unido a un alma bondadosa (o todo lo contrario) le dará un camino más confortable en la vida a nuestra criaturita socialmente hablando.
Quizás a mí eso de los genes que se ponen casco o cogen cincel, mazo y esculpen rasgos que estereotipan a la persona, pues no me resultan importantes. Me preocupo más por los grandes patrones y planos que los pequeños peones que procesan los genes se encargan de transformar en grandes obras arquitectónicas de células que conforman enrevesados tunelajes de conductos y estructuras funcionales espléndidas. Obra en movimiento funcional perfecta. Y claro, cuando algo viene defectuoso habrá que arreglarlo y me preocupo por ello y si me construyen una presa mal no puedo dejar que anegue mis cuencas pobladas de vida, necesito que mi vida se vaya en ello para intentar sacarlo adelante y que culmine en vida armoniosa.
Ya de por sí entregamos un proyecto que puede ser imperfecto, porque lo dejamos crecer al azar, a las inclemencias del tiempo, a la corrosión de la sociedad y al óxido de la vagueza. Dejamos a nuestros niños y niñas, fruto de un hombre y una mujer, de una mujer y un hombre, de una mujer y una mujer, de un hombre y un hombre y un largo etcétera, proyectos de una arquitectura genética y de una población educada y social expuesta a que de aqui a mañana no puedan saber ni en el mundo que viven porque se lo ha tragado el mar debido al cambio climático, o manchados de falacias y falsos prejucios que degeneran en estúpidos complejos que no dejan vivir una vida plena (lo cual es una condena psicológica) y que no saben a lo que tienen que enfrentarse para llegar a conseguir la maldita moneda de cambio para alimentar a sus hijos.
¿Les dejamos nacer en un mundo lleno de sufrimiento en el que quizás pierdan la vida en contra de su voluntad o simplemente ni nos lo planteamos? Luego, piensas que la vida está llena de momentos bonitos que quieres que un día alguien a quien amas de verdad, esa personita creada del amor verdadero de dos personas, pueda sentir algún día, todos esos lugares bonitos e inolvidables en los que pueda estar y quizás ver. Quizás nos toque sufrir mucho por disfrutar de esos momentos y esos lugares, puede que lo que nos duele física o sentimentalmente se pueda cambiar automaticamente cuando conocemos y disfrutamos del amor.
¿Somos nosotros quien entregamos a un alma a una vida en la que puede sufrir mucho? O en cambio, ¿somos nosotros quienes entregamos toda la felicidad y hacemos a ese alma conocer y disfrutar el amor? ¿Somos los jueces de una condena o de una sentencia de libertad?
Mirad, desde mi punto de vista, si supiera que mi hijo o hija con seguridad va a pasar la experiencia más atroz que me pueda imaginar y que le causara la muerte o una secuela psicológica importante o algo con lo que no pueda cargar encima pues no lo tendría, pero como no somos visionarios ni mentes paranormales puedo asegurar que sería lo más bonito que haría con la persona a la que quiero y se convertiría en lo más preciado que pudiera encontrar aquí, cualquiera que fuera nuestra situación y que el amor que por mi parte entregaría sería todo el que pudiera dar en cada momento y quisiera que lo supiera por si algún día tiene la mala suerte de sufrir que sepa que su sitio está aquí porque quisimos por amor, para darle amor y para que amara siempre.





