Las cosas mal hechas
Me hierve la sangre cuando veo que el esmero ha brillado por su ausencia al realizar un trabajo y culmina con una creación inútil o inservible.
Después barro para casa y veo que en la programación hay infinitos proyectos que acaban siendo ineficaces y que no conducen a nada. Ejemplo de ello son las miles y millones de páginas webs por las que navegamos cada día, de las cuales la mayoría son eso, proyectos inacabados y que no conducen a su fin. Cuando ya se trata de trámites y burocracia digital la desesperación puede llegar a consumir a la persona. Precisamente si estos portales a los que accedemos para obtener información o tramitar algo ¿por qué no se ofrece un servicio de mayor calidad? Por lo menos que en muchos de estos sitios se abra un canal directo de comunicación con la persona encargada de su mantenimiento para que pueda mantener diariamente el sitio y solucione los problemas que se generen, seguro que así se llegará a una perfección en el servicio gracias al cliente. Y el cliente siempre tiene la razón.
Me da la sensación de que las cosas son efímeras adrede. Que las hacen para que se estropeen, para que tengamos que acudir a un servicio técnico, a un perito, a un taller, a un albañil… y que encima no tenga solución. Invertir para cosechar pérdidas. que absurdo.
Ya no es solo por el dinero, ese vil rehén de intercambio, si no que los recursos para reparar o rehacer lo que ya se creó una vez también se consumen tontamente. Parece que aunque evolucionemos tecnológicamente siempre habrá un Dios que nos hace por lo menos quedarnos donde estamos, y que por un pasito hacia adelante nos hace dar dos hacia atrás y ese Dios se llama Don Dinero.
La tecnología debería plantearse para una eficacia total y duradera. Hoy no me valen comentarios tales como: “Eso es imposible, y lo sabes.”. Quienes crean tecnología desde la libertad pueden hacer posible esto.





